La Huelga Mundial de Mujeres denuncia las agresiones racistas

de la elite boliviana y sus patrocinadores estadounidenses
 

Coordinadoras en:

Bolivia, España, EEUU, Guyana, India, Inglaterra, Irlanda, Perú, Trinidad y Tobago, Uganda, Venezuela

 

La Huelga Mundial de Mujeres denuncia la violencia de la elite racista boliviana en Sucre (Chuquisaca) contra las y los indígenas e integrantes del gobierno de Evo Morales, el primer presidente indígena electo.

 

Nuestra organización hermana en Bolivia nos ha mantenido al tanto de la lucha de liberación de las mayorías indígenas contra la reimposición del apartheid. Las mujeres nos han informado que la elite quiere bloquear cualquier cambio que mejore los derechos económicos, políticos y humanos de las mayorías indígenas y campesinas bolivianas, las más pobres de Sudamérica.  Muchas de las personas que forman parte de la oligarquía son descendientes directos de los conquistadores asesinos de hace 500 años, otras son descendientes de inmigrantes de la ex Yugoslavia que se enriquecieron en Bolivia antes que todo por ser blancos.

 

Quieren balcanizar a Bolivia, separar a Santa Cruz, el estado más grande y rico, del resto del país, como si sus riquezas fueran su posesión propia y no la propiedad de todas y todos los bolivianos.  Por eso atacan a Evo Morales, a integrantes de su gobierno y a quienes lo apoyan.  Cuentan con el respaldo del gobierno de EEUU y su embajador en Bolivia Philip Goldberg, que presidió sobre la división de Yugoslavia.  

 

El 24 de mayo en el departamento de Chuquisaca-Sucre, la oligarquía bloqueó el paso al Presidente Morales que iba a efectuar entrega de necesitadas obras, viviendas y ambulancias.  Pandillas racistas respaldadas por autoridades separatistas de la región agredieron a la población indígena que apoya a Morales y a integrantes de la policía y fuerzas armadas que son también mayoritariamente indígenas.  Unas 30 personas fueron obligadas a semi desnudarse, arrodillarse y pedir perdon como si aun fueran esclavos de la corona española.  Les quemaron sus ponchos, su bandera indígena y la bandera del MAS (Movimiento Al Socialismo, el partido del presidente al cual pertenecen).  Entre los humillados había mujeres, niñ@s y ancian@s, ministr@s de gobierno y diputad@s.  Las pandillas racistas llevan swásticas y símbolos del Ku Klux Klan.

 

Se han incrementado estos atropellos.  En noviembre pasado la Asamblea Constituyente en Sucre tuvo que reunirse en un fuerte militar para protegerse de quienes querían impedir violentamente que se apruebe una nueva constitución.  En mayo el prefecto de Santa Cruz convocó a un voto ilegal a favor de un estatuto autonómico cuyo claro objetivo es la separación y el sabotaje del referéndum nacional constitucional.

 

Estamos indignadas que en el siglo 21 aun exista gente que considera que gobernar es su derecho de nacimiento y que quiere imponerse, negando la voluntad popular.  Esta elite de asesinos, ladrones, explotadores, subversivos y traidores se cree una raza superior a los pueblos originarios que pensaba haber derrotado hace cinco siglos.  Están acostumbrados a hacer lo que les da las ganas.  Cuentan con el respaldo de los gobiernos estadounidense y europeos y sus transnacionales, resueltos a reconquistar el poder y la influencia que han perdido en América del Sur y a reimponer su hegemonía sobre las riquezas naturales y la población del continente, sin importarles el daño que causen al planeta y a quienes vivimos en él.

 

En todo el mundo los pueblos indígenas originarios han tenido que defenderse con las únicas armas que tienen: su organización colectiva. En Bolivia, el movimiento social que llevó al poder un campesino indígena, previamente derrocó a empresas y presidentes respaldados por EEUU, logrando la devolución de importantes recursos naturales, como lo son la nacionalización del agua y del gas.  Las mujeres de origen indígena, campesino y minero han tenido una gran participación y protagonismo en estas luchas y están resueltas a defender el único gobierno electo que promete acabar con la pobreza y explotación extremas.  Ya se ha ganado una pensión de vejez y se esperan muchos más logros.

 

Bolivia es otro ejemplo de la contrarrevolución a la cual nos enfrentamos cuando realizamos una revolución para liberarnos de la esclavitud, el hambre, la humillación y la represión.

 

Nos enfrentamos a la contrarrevolución en Haití cuyo pueblo ha sido castigado por más de 200 años por haber derrotado al poder imperialista y eliminado la esclavitud en el 1804.  Primero Francia y luego EEUU impusieron calamitosas deudas externas, golpes de estado, invasiones, ocupaciones, embargos y dictadores, causando la muerte de miles y miles de personas y el exilo de muchas mas.  Ahí también una pequeña elite que sirve a sus patrones imperialistas, vive desahogadamente mientras la mayoría lucha para sobrevivir.  Y quienes se oponen a esa corrupción son asesinados, encarcelados o desaparecidos como nuestro querido compañero Lovinsky Pierre-Antoine.

 

Nos enfrentamos a la contrarrevolución en Cuba cuya exitosa revolución e independencia sobrevive a pesar de décadas de embargo económico.

 

Nos enfrentamos a la contrarrevolución en Venezuela respaldada por EEUU con golpes y atentados contra el democráticamente electo presidente Hugo Chávez, por atreverse a utilizar sus recursos petroleros para combatir la pobreza y unir a los países del Tercer Mundo de manera que sean independientes del dominio de EEUU.

 

Nos enfrentamos a la contrarrevolución en la Faja de Gasa, la cárcel más grande del mundo donde el pueblo palestino se muere de hambre por no someterse y por elegir democráticamente a un presidente “equivocado” según sus patrones imperiales: EEUU, Israel y sus lacayos europeos.

 

Los medios internacionales, las ONG y cada vez mas la ONU permiten esas agresiones a nuestros movimientos y difunden mentiras que por repetirse tan a menudo y tan alto son adoptadas como si fueran la verdad.  Esas mentiras nos demonizan llamándonos turbas, salvajes, barras, delincuentes, extremistas y terroristas sólo porque reclamamos lo que nos pertenece: la riqueza que producimos y el derecho a decidir nuestro propio desarrollo.  Temen el poder del pueblo y la justicia que imponemos.

 

Nuestras hermanas y hermanos bolivianos y el movimiento indígena y campesino al cual pertenecen, son una luz y una esperanza para todas y todos quienes, donde sea que estemos, luchamos por la sobrevivencia, por un mundo justo, por un mundo que invierta en cuidar y no en matar.

 

¡Viva las mujeres! ¡Viva el movimiento indígena campesino boliviano! ¡Ni un pasó atrás!

 

31 de mayo 2008